Mientras tanto

María Guadalupe Hernández González

INTRODUCCIÓN

J. M. Barrie nos narra las aventuras de un niño que decidió no crecer. Un día mientras le paseaban en su cochecito, escuchó los grandes planes que tenían para él; spoiler: decidió no seguir ese plan. Con la audacia que le caracterizará a lo largo de sus aventuras, escapó y se unió a las hadas que le llevaron a un lugar llamado el país de Nunca Jamás.

        Este no es el niño que nos interesa, sino los “otros” niños, esos que no eligieron llegar al país de Nunca Jamás, los niños que un día cayeron de su cochecito y nadie los reclamó, los que son conocidos como: los niños perdidos.

        Esta tribu de muchachitos ha sido reclamada por Peter Pan para acompañarle en una aventura eterna entre sirenas, indios y piratas. Para nuestros ojos entrenados en los usos y costumbres que la sociedad impone a sus integrantes no resultará difícil juzgarles como mocosos mal educados, niños incapaces de encajar en el laberinto social que habitamos.

        Nosotros, sujetos moldeados en una era hedonista y narcisista, no podremos comprender o imaginar su ser en este mundo, la idea de la pandilla y de la hermandad se desvanece con nuestro inevitable crecimiento, con el ritmo acelerado de las redes, los lazos ya no son tan fuertes, las amistades nacen y mueren con un clic. Fue en medio de este culto a la individualidad que se nos presentó un punto y aparte o, mejor dicho, tres puntos suspensivos.

NEVERLAND

“Mi lugar bajo el sol” —decía Pascal—, el comienzo y la imagen de la usurpación de toda la tierra. Temor por todo lo que mi existir —a pesar de su inocencia intencional y consciente— pueda realizar de violencia y de homicidio (Levinas, 1998).

        En medio de la crisis sanitaria, los menores fueron señalados como riesgos potenciales “porque ellos eran inmunes al virus” (Plitt, 2020). Por miedo a que afectaran “mi lugar bajo el sol” dejamos que silenciosamente fueran reclamados por Peter Pan y, absurdamente, se justificó su ausencia como una medida de seguridad.

        Mientras tanto, es una intromisión al espacio creado por los habitantes de este Nunca Jamás en que se confinaron los niños perdidos; se plantean dos escenarios, al igual que como narra J. M. Barrie, cada niño puebla su isla, todas son la misma, pero cada una es diferente.

        Para Vygostky, en su teoría del desarrollo histórico-cultural (Perinat, 2007), la humanidad solo es capaz de conquistar procesos psíquicos superiores toda vez que logra avanzar social y tecnológicamente; el hombre crea herramientas, se asocia para el trabajo que así lo requiere y desarrolla un lenguaje. Todo esto lo tomamos del entorno que nos acoge o lo creamos en la medida de nuestras necesidades. Los menores se encuentran a merced de su propio ingenio, de las herramientas que su grupo social le ha proporcionado o negado.

        En Neverland 1, nos encontramos con un prepuberal; según las leyes de Nunca Jamás, pronto tendrá que elegir entre ser pirata o regresar al mundo del que partió, en su rincón de isla hay luces, pero no las mira, los libros están apilados junto a juegos de mesa que no han sido tocados. En un intento por tener un acercamiento humano, ha diseñado un compañero de juegos, pero también ha quedado en el olvido. Su apatía por su entorno bien podría ser un paralelismo con el recibido por sus celadores, su lugar en la isla no está en el lugar que habita, se encuentra en el espejo negro que consume sus días, pareciera que ha caído en el estanque de las sirenas y ha sido hipnotizado por su canto, su razón le dicta esperar, años de condicionamiento sistematizado le han llevado a comprender que el silencio y la apatía son siempre recompensados. Con fe ciega se une a Vladimir y Estragón en su espera por Godot, no crea ni construye, ya otros lo hicieron.

        En Neverland 2, se muestra un niño que no ha tenido acceso al sistema educativo convencional, su corta edad nos indica que se encuentra en una etapa temprana de formación. En los dibujos se traza una línea cronológica, en el piso y la mesita de estar se encuentra lo que ha aprendido de su entorno: el arriba y el abajo, el cuerpo humano, íconos sociales y conceptos que nuestra sociedad exige al sujeto para ser funcional en el colectivo, no será difícil ver en ellos la diferencia entre hombre y bestia, realidad y ficción. Estas referencias paulatinamente se irán borrando, dejando evidente la soledad a la que el niño ha sido sometido de manera abrupta y obligatoria en esta “nueva realidad”, esos patrones sociales se desdibujan lentamente. Al igual que el hombre primitivo, busca respuestas que nadie puede darle, porque en medio de la soledad nadie responde. Los dibujos ya no están en donde tendrían que estar, han escapado a la pared, su tierna psique comenzará a llenar los huecos que la educación inicial no ha podido ni ha alcanzado a cubrir, las preguntas recibirán respuestas mágicas y lo inanimado, como sus juguetes, no solo cobrará vida en medio de su soledad donde ya no hay reglas, sino que ocuparán el lugar del otro; su entorno ha tenido que transformarse al igual que su concepción del yo. En los dibujos, las figuras humanas quedan atrás, las hojas se llenan con bestias antropomorfas, la concepción del espacio se pierde, ya no hay un arriba o un abajo, su propia figura ha cambiado, está revestido con un caparazón que al tiempo que lo protege lo limita, es una coraza de protección que le ha dado su sociedad ahora que se ha perdido en el vasto territorio de Nunca Jamás.

        Tan importante es preguntarse sobre el futuro de estos niños perdidos, ausentes de su propia generación, negados del contacto social y, en muchos casos, hasta familiar, como lo es hacerlos visibles y, con ello, darles una presencia:

        Que él me concierna o no me concierna me importa. Es una cuestión donde el ser y la vida se despiertan de lo humano; una pregunta por el sentido del ser, no la ontología de la comprensión de este verbo extraordinario, sino la ética de su justicia (Levinas, 1998).

CONCLUSIÓN

Esta es una reflexión que invita a comprender que en la ausencia del otro está nuestra ausencia, el reencuentro debe surgir en los espacios cerrados de confinamiento, esos espacios que hicieron tangible la preocupación del otro por mí y la mía por él.


REFERENCIAS

Barrie, James Matthew (1973). Peter Pan. Barcelona: Juventud.

Levinas, Emmanuel (1998). Ética como filosofía primera. Traducción de O. L. Gómez. París: Petite Bibliothèque.

Perinat, Adolfo (2007). La teoría histórico-cultural de Vygotsky: algunas acotaciones a su origen y su alcance. Revista de Historia de la Psicología, 28 (2/3), pp. 19-25.

Plitt, Laura (2020). Coronavirus en los niños: el extraño síndrome que está afectando a menores en Europa y que los médicos dicen que no es motivo de alarma. BBC News. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-52470062